Crónica de un dedazo anunciado: El SIMAPAG, la franquicia familiar y su circo de 43 pistas
¡Ah, qué bonito es mi Guanajuato! La capital cervantina de América, patrimonio de la humanidad, y ahora también el feudo personal y hereditario de los mismos de siempre. Uno ya llega a los 50 años, se levanta, se toma su café negro para aguantar el coraje, abre el periódico y ¿qué se encuentra? Que el SIMAPAG va a «renovar» su consejo. ¡Háganme el rechingado favor! «Renovación» le llaman ahora a la agencia de colocación y reciclaje de la familia en el poder.
Resulta que hay 43 almas caritativas, 43 «sacrificados» ciudadanos que mandaron su solicitud porque se mueren de ganas de administrar nuestra agua. Sí, claro. 43 suspirantes prestando sus papeles y su tiempo para legitimar una farsa que se va a decidir entre puras cuotas y cuates. Mejor pongan una tómbola pública ahí en la Alhóndiga, al cabo que todos sabemos que los dados ya los cargaron desde la presidencia… o mejor dicho, desde la casa de la presidencia.
Y para rematar el chiste, sale nuestra flamante alcaldesa, doña Samantha Smith, diciendo muy quitada de la pena que la discusión para elegir a los consejeros va a estar «divertida». ¡Pues claro que se divierte! Total, si la responsabilidad de armar el rompecabezas fuera suya, a lo mejor se preocuparía. Pero aquí en Guanajuato hasta las momias saben quién mueve realmente los hilos detrás de la silla municipal: su esposo, el exalcalde.
Esto ya dejó de ser un Ayuntamiento, paisanos, es un negocio familiar, un maximato de rancho donde el marido despacha desde las sombras, acomoda a sus alfiles, y la esposa nos sale a decir que el show está muy «entretenido». Para ellos es una función de circo con palomitas gratis; para nosotros, una burla que terminamos pagando en el recibo de cada mes.
Y en este teatro de marionetas, el plato fuerte es la inminente llegada de nuestro queridísimo Ludovico Mata Vega. ¡Milagro! Hace un par de años le dijeron «siéntate tantito, chato, todavía no te toca», pero hoy ya le dejaron la ruta libre y pavimentada con la bendición del «primer damo» de la ciudad. Se ve que el señor no puede vivir lejos de la ubre presupuestal. Pasan los trienios y nomás brincan de un lado a otro. Ludovico ya va en caballo de hacienda hacia el consejo, perfiladísimo, como si fuera el mesías de las tuberías y el redentor de los drenajes que tanto le urgen al patrón.
A mis cincuenta años ya no me cuezo al primer hervor. He visto desfilar a muchos prometiendo que ahora sí va a llegar la presión del agua hasta el Cerro del Cuarto. Pero este descaro de pasarse el poder de esposo a esposa y repartirse el SIMAPAG como si fuera el pastel de bodas, ya es el colmo.
Así que váyanse preparando para aplaudirle al «nuevo» y «flamante» consejo ciudadano. Al rato nos llega el recibo con el ajuste inflacionario para pagarles sus caprichos, pero no se enojen… acuérdense de que, según la alcaldesa, todo esto es muy «divertido».
